jueves, 11 de junio de 2015

EL DISCO DE LA SEMANA

PUGH ROGEFELDT: Ja, Dä Ä Dä! (Metronome, 1969)
Como en tantas otras ocasiones, a raíz de buscar algo completamente distinto y por casualidad acabo encontrando otro disco que llama mi atención y se convierte en un feliz descubrimiento. En esta ocasión quería de una vez por todas encontrar el nombre de un tipo y el título de su álbum que se ha convertido en un clásico subterráneo del pop soleado californiano de finales de los 60 tras años de un interés en el mismo que iba y venía pero cuya información localizadora se acabó borrando de mi mente (cosas de no apuntar estos datos, supongo). 
Pues bien, decidido a corregir eso me acordé de que en un episodio de Mapa Sonoro, que es un programa sobre música muy moderno y muy guays, Kiko Amat sacaba el LP y ensalzaba sus virtudes, así que me dispuse a buscar el pop-grama y felizmente lo encontré. Y antes del LP de Mark Eric A MIDSUMMER'S DAY DREAM, que era el objeto de mis pesquisas, sacaba otro disco con una enigmática portada y del que sólo se podía leer Pugh y del que Amat resaltaba que una guitarra del mismo había sido sampleada. 
Pugh... guitarra a lo Small Faces... portada que parecía totalmente devota del folk ácido... Eso era más que suficiente para buscarlo. Y eso me llevó a descubrir que se trata de un disco esencial del incipiente rock progresivo sueco y el inicio de la larga y prolífica carrera del guitarrista Pugh Rogefeldt. Y una vez escuchado hay que decir que merece esa fama y más debería tener, y que aficionados empecinadamente anglófilos como yo nos perdemos muchas cosas buenas (otras no tanto, tampoco hay que ponerlo todo en un pedestal por ser extraño) por no adentrarnos en "exóticas" discografías.
Cantado íntegramente en sueco es un disco extraño pero hipnótico que arranca con un rompepistas apropiado para las pistas de "blanco" y freabeat, Love, Love, Love (la canción de la guitarra sampleada) de inusual estructura y potentísima base rítmica y guitarrazos para perder la cabeza, elementos éstos comunes a todo el disco. Y cantado en sueco, algo bastante ajeno a un oído como el mío pero al final acabo por no echar de menos la lengua de la Pérfida Albión. Una atmósfera la de la canción que nos recuerda al rock psicodélico de la Costa Oeste con esas guitarras levitativas.
Här Kommer Natten es más progresiva, con cierto poso de blues rock, de ritmo lento pero intenso y con una omnipresente y afilada guitarra. Surabaya Johnny comienza con una atmósfera orientalizantes y da paso de inmediato a un cierto ritmo de la Europa del Este, un aire gitano, y yo pensé "oops, se acabó lo bueno, maldita World Music, se tenía que notar que era del continente..."...para al minuto y quince segundos, ¡albricias!, comenzar un rock psicodélico de punzante melodía a base de guitarra acústica y con un sorprendente cambio melódico a base de repetitivo bajo que, que me aspen, lo he oído en discos de Hawkwind de 1972 y 1973. Y vuelve a irrumpir la guitarra eléctrica. Y todo vuelve a su sitio y el disco avanza incontestable. Y de nuevo ese bajo hawkwindiano...
Sma Lätta Moln es una preciosa pieza de tintes acústicos que recuerda a unos Grateful Dead reflexivos, la canción ideal para un amanecer neblinoso que promete un día brillante. Dä Ä Bra, Dä Ä Fint es introducida por una armónica que da paso a un ritmo creciente de blues rock siempre en el filo con la experimentación, mientras que Jag Sitter Och Gungar experimenta con la guitarra acústica sobre una insistente pero controlada base rítmica que sumado a la extraña parte vocal genera una perturbadora sensación... en su primera parte, ya que la segunda está dedicada a un potente y eléctrico blues rock.
Signe es folk psicodélico con aire trovadoresco que nos puede recordar a Donovan o a unos Kaleidoscope, es decir, belleza ácida, con un par de inesperados cambios de melodía y final "tropicalista" incluído. Colinda combina texturas acústicas y campestres con efectos psicodélicos y furibundas partes cantadas, extraña pero fascinante, y Haru Sett Mej Va... nos recuerda de nuevo al movimiento tropicalista y podría haber sido extraída de un disco primerizo de Gilberto Gil, y para terminar Du Tände Lyset Andersson, silvestre y relajada pieza a base de acústicas (y silbido) que supone un bonito cierre para tan ecléctico disco. 
¿Un álbum imprescindible? Posiblemente no, pero su escucha es fascinante y sus diez canciones son pequeños deleites y componen una pequeña joya escondida de los años de la transición entre la psicodelia y el progresivo. Ideal para colocarlo en la colección de discos en la estantería Billy...
David