viernes, 7 de febrero de 2014

GRANDES COMIENZOS DE DISCOS: HOY, THE JAM Y GRATEFUL DEAD!

Comienzo una nueva sección en el blog, por supuesto de periodicidad irregular, en la que dejaré reflejadas esas canciones que abren un LP y que son indiscutibles, capaces de causar un impacto emocional en el oyente, el comienzo soñado tanto por músicos como por fans para un artefacto sonoro y que dan lugar a varias opciones respecto a lo que se puede esperar del resto del disco: que se cumpla lo prometido con la apertura, que incluso se supere y entre manos tenemos una colección de canciones demencialmente buena, o que el resto del disco se vaya desvaneciendo tras el impacto inicial y nos deje con ganas de más, cosa que sucede habitualmente en las tres últimas de música popular cuando no se obvia directamente lo de comenzar con una canción, una emoción, directa a los sentidos del que entrega sus oídos al artefacto sonoro. Y en esta primera entrega, dos ejemplos tan diferentes como fascinantes, y encima de los que cumplen el requisito de que el resto del álbum es tan bueno, o mejor, como ese starter.
The Jam abría su LP de debut (IN THE CITY, Polydor, 1977)con uno de los disparos más certeros de 1977, Art School, conteniendo toda la furia del punk y toda la intencionalidad de una nueva forma de ver el modernismo: guitarrazos, base rítmica rabiosa y trotona, mensajes pop-art, feedback, una voz de inmediato reconocible, y todo fantásticamente ejecutado en lo instrumental (a diferencia de muchas bandas punk del momento). ¡Pocas veces se pueden encontrar todas esas virtudes encapsuladas en apenas dos minutos!
Los Grateful Dead ya habían comenzado (y al mismo tiempo, logrado plenamente) su reconversión en grupo que tiraba de raíces tradicionales de la música norteamericana, al menos en sus trabajos en el estudio, con WORKINGMAN'S DEAD (Warner, 1970), y con su siguiente producción en el mismo año entregaban otra pieza maestra de folk, country y rock con una facilidad pasmosa a cargo de un grupo de músicos y su letrista habitual en estado de gracia. AMERICAN BEAUTY (Warner, 1970) se abría con Box Of Rain, cantado por el bajista Phil Lesh con letra de Robert Hunter, y en ella se combina la delicadeza del folk acentuada por los celestiales coros a varias voces que el grupo había perfeccionado desde sus inicios, el ambiente country que la combinación de guitarra y piano conseguían ayudado por la riqueza melódica y los cambios inesperados pero naturales que los Grateful Dead ejecutaban y la energía del rock (con esas dos baterías que rellenan todos los vacíos) y un sonido soberbio conseguido en estudio. Cinco minutos y medio que siempre se me han quedado cortos, profundamente emocionantes en su totalidad. Y encima le seguían piezas de la altura de Friend Of The Devil y Sugar Magnolia... ¡casi nada!
David