jueves, 18 de abril de 2013

LOS CHICOS QUE COLECCIONABAN TEBEOS

Uno se hace mayor. Eso es impepinable, pero hay cosas que te lo recuerdan y que como losas (pero no pesadas losas, sino llevaderas y cargadas de buenos recuerdos) caen encima de ti para decirte: "Chaval, eso lo hacías tú hace veinte años...". ¡Veinte años! Antes decir "hace veinte años", o veinticinco, o los que fueran, era impensable pero ahora cada vez es más habitual y recurrido. Uno, que se hace mayor.
La cuestión es que si hay algo que certifica y cierra una época ya pasada y que se rememora para bien (o, a veces, para mal) es la edición de un libro sobre la misma. Y en unas pocas semanas se han publicado dos libros sobre acontecimientos y vivencias bien diferenciadas de tiempos ya pasados que fueron los de muchos, y también los míos. De golpe, ¡dos losas sobre mi cansado cuerpo! Pero qué gozosas losas, una en forma de ensayo y otra de novela.
Del primero de ellos hablé hace poco por aquí: Revival de Patricia Maestre, sobre la escena de grupos mod y sixties de los 90, y el otro es la obra de Julián M. Clemente y Helio Mira, Los Chicos Que Coleccionaban Tebeos, y que trata precisamente de eso, de aquellos muchachos que devorábamos los comics de Forum y de Zinco cuando tal afición era muy difícil de llevar (aún más si eras de "provincias") e incluso éramos mal vistos. Años duros que forjaban el carácter, pero años inolvidables a pesar de todo.
La narración de los autores se inicia a mediados de los 80 pero aunque mi afición en serio a eso de los comics de superhéroes comienza a principios de los 90 las coincidencias son muchas y verlas plasmadas de forma tan divertida y nostálgica no tiene precio. Esa afición precedió a la música y a ella dedicaba la totalidad de mi humilde paga en continuos (y muchas veces infructuosos) viajes a quioscos y estancos a repasar heterogéneos montones apilados de comics en busca del número deseado, cosa que se repitió hasta que descubrí el increíble hecho de que existía una tienda especializada en comics en pleno centro de la capital donde vivía. Ello me garantizaba que de cada número llegasen unos cuantos ejemplares y que se preocupasen de que la distribución respetase las fechas de publicación, y así seguir las colecciones que me interesaban como Stan Lee manda. 
En tal establecimiento, no muy grande, podía pasar un buen par de horas, y así descubrir fascinantes historias, personajes y formatos mucho más "elegantes" como los prestigios. Y echar vistazos disimulados a aquellos intrigantes comics de DC/Zinco, pero sin que se notase mucho, que eran "el enemigo". Así pasé mis últimos años de colegio y los del instituto, entre comics de Forum y visitas al cine en lo que fue la Edad Dorada del cine de acción. Y encontrar por el camino, aunque fuera increíble, algún "compañero de armas" con el que departir sobre los Nuevos Vengadores o lo fantástico, lo verdaderamente moderno que era el Spiderman de McFarlane...
Pero esa afición, como toda, tiene sus orígenes y esos fueron los tebeos que mi padre compraba para entretenerme cuando me ponía enfermo o los domingos, cuando acudía a comprar e periódico local. Así, gracias a él, devoré gran parte de la colección de Don Miki, algo de más entidad como los álbumes de Asterix (cada año en la feria del libro caía uno) pero entre historieta de Donald e historieta del Tío Gilito entraba en casa algún comic de Spiderman, o de Los Vengadores, o de El Castigador (y alguno fascinante, pero que no podía confesar que lo era, como un Superman de John Byrne en el que luchaba contra la Legión de Superhéroes o algún número de La Liga De La Justicia). Es curioso, pero de tanto leer esos números sueltos e inconexos que me compraba mi padre, me acuerdo mucho más de ellos que de los que me compraba yo...
Los autores de Los Chicos Que Coleccionaban Tebeos relatan con candidez y mucho sentido del humor vivencias parecidas, que creo que se repiten en muchos de los casos de lectores de tebeos de la época de todo el país, y es que se puede decir que los pocos chicos que leíamos y coleccionabamos esas cosas (chicas, en realidad, habían pocas o ninguna... creo que comenzaron a aparecer por las tiendas especializadas gracias a los mangas y demás) no podemos escapar a tantas similitudes y por ello conformamos una generación dentro de otra mayor. A modo de ejemplo, y como narran Clemente y Mira en el libro, ¿quién no deseaba que le publicasen una carta en el correo de los lectores? Yo también lo conseguí, pero en una colección modesta, G.I. Joe que, ojo, estaba guionizada por Larry Hama (el creador de las figuras de acción) y tras unos primeros números de decepcionantes dibujantes (¿puede que Herb Trimpe, entre ellos?) la cosa mejoró mucho en lo gráfico, pero ahora no recuerdo quién se encargaba...
Los tiempos de Forum (y de Zinco) ya pasaron, y ahora Panini edita en España los comics del Universo Marvel, las colecciones actuales pero también estupendos tomos que recopilan grandes historias de nuestros héroes favoritos desde los años 60 hasta la actualidad. Gracias a ellos he recuperado la costumbre de leer comics, he rescatado muchos de los años de Forum a lo que uno otra de mis aficiones, la de coleccionar figuras de acción (insano vicio al que dedico mi otro blog, Figuras De Acción A Go-Gó en el que son habituales las referencias a mis viejas lecturas superheroicas... ¡ésto es todo un crossover!). Y Panini también edita libros relacionados con esta afición/devoción, como la obra de Julián M. Clemente y Helio Mira, que tanto si has vivido esa época como si no es una lectura divertidísima, entrañable y repleta de referencias hacia el mundo del comic y la cultura popular en general de los años 80 y 90. Yo me lo estoy pasando como un enano mientras lo leo y a lo largo de sus páginas veo reflejados buena parte de momentos vividos en la niñez y adolescencia... ¿qué más se puede pedir?
David